No sé dónde vas, porqué veo tu espalda al marchar: deduzco que no volverás. Una vez te abracé, pero respondiste con un abrazo falso. Por ello no te odio, pero sé donde anida el mal y que debemos protegernos. Los ángeles allá en el cielo nos cobijan y nos dan su luz cuando la necesitamos, y así sentimos el corazón recompuesto cuando nos han dañado. Nada de lo que hagamos es baladí, todo es importante y, aunque a veces pienso que la raza humana está perdida, tengo fe y confío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario